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Yendo por el mundo... / Anant pel món...

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viernes, 14 de octubre de 2011

De la Plaza Roja a Tian'anmen (IV)

El edificio de la KGB / L'edifici de la KGB

Cambio de guardia / Canvi de guàrdia

Ante la tumba del soldado desconocido / Davant la tomba del soldat desconegut 


4.- La decepcionante capital rusa.

Despierto. La luz del sol en mi rostro. Aunque lleve tiempo amanecido. Aunque la noche no haya acabado de cerrarse por completo… Miro alrededor. Todos duermen. Doy media vuelta en la cama y observo la ventana sin interés. De reojo, algo llama mi atención. El alfeizar de ésta, está plagado de billetes. Rublos, yenes, y Dios sabe cuantas divisas más, se hallan esparcidas sin orden ni concierto por él. Incluso el suelo se tapiza con parte de ellas. Me asomo por ver si mi vecino de litera es consciente de semejante desparrame. Es un japonés que se cruzó levemente con nosotros el día anterior. Estado de coma. Vestido únicamente con su slip de diseño, se halla despanzurrado sobre la cama. Imagino que el party fue tan enorme como su actual estado de bendición. No dejo de asombrarme. Mientras yo he pasado la noche con la mochila como amante, con cámara y dinero en su interior, este hombre duerme con placidez extrema rodeado por su vertiente económica. No tengo duda que, aunque de esa forma es posible encontrarte algún día sin blanca, este joven vive con una inaudita y envidiable paz de espíritu.
Inicio mis abluciones matinales antes que el regimiento se ponga en marcha. Cuando regreso a la habitación, Pablo organiza su equipaje y Dani se despereza en la cama. Me visto rápido y les espero, esbozando apuntes a pincel, en el espacio común del piso. Pronto Pablo me acompaña. Conversamos sobre el plan del día. Sin preámbulo, un hombre sobrepasando la frontera de los cincuenta, se dirige a mí; “Sepan que hablo español”. “No estábamos hablando mal de nadie”, me defiendo asombrado ante cierta agresividad de su tono. “No, no me malinterprete. Solo que les escuché y…”. Ningún problema, claro. Nos presentamos. Se interesa por el tiempo que vamos a pasar en Moscú. Le contamos que poco y a continuación nuestro viaje. Conoce casi todos los destinos, y de todos nos da indicaciones. Dice ser argentino, haber vivido en medio mundo, y haber visitado el otro medio. Lamenta, de forma sincera, no haber vivido en España. La conoce por supuesto. Barcelona, clama. Llega por fin Dani y nos disponemos a salir. Una última advertencia “Vayan ustedes con mucho cuidado. Moscú es una ciudad muy peligrosa y los varones jóvenes suelen ser las principales víctimas”. Nos recomienda que no nos separemos. Agradecemos el consejo.
Sigo a mis cicerones. Ya conocen el entorno. Nos hallamos cerca de los puntos de interés. Pronto nos encontramos en los aledaños del Kremlin. Visitamos en primer lugar la tumba de Lenin. A pesar de ser temprano, la cola ya es disuasoria. Es sábado, claro. Tras dejar cámaras, bolsas y botellas de agua dentro de una única mochila, en una consigna donde no cobran por volumen sino únicamente por número de bultos, nos situamos en una fila donde todavía sufriremos diversos controles. A través de un arco electrónico, tras un control policial, después de otra revisión visual, avanzamos metros. Por fin el mausoleo. El paso por su interior es rápido y nadie se demora un suspiro. Vigilantes malcarados lo impiden. Visionas la momia desde tres de sus cuatro lados. Ya estás fuera de nuevo. Sin apenas darte cuenta. El resultado es decepcionante. Es cierto que no esperaba demasiado, pero un animatronic sin batería podría suplir la momia y el resultado final sería idéntico. Supongo que el mito pesa mucho para los rusos, pero hay formas menos grotescas de mantener vivo su espíritu.
Nos encaminamos al Kremlin (castillo) de la ciudad. Tras más de una hora de espera en taquillas, por parte de Pablo y Dani - tiempo que aprovecho para avanzar puestos en la otra cola, la de acceso al recinto – nos deslizamos al interior entre un tumulto. Funcionariales edificios comparten espacio con las diversas iglesias ortodoxas que los robustos muros protegen. Las visitamos una por una y sorprenden, positivamente, los iconos que albergan. Hay incluso retablos, de los siglos XVI y XVII, donde se narran historias mediante imágenes y textos en viñetas – otro precursor del lenguaje de los tebeos -. Hacia el otro lado decanta la balanza, el pésimo estado de conservación de unas iglesias, lugar de peregrinaje de los rusos y que cargan con toda la simbología de haber resistido el paso de los soviets y su afán por destruir cualquier cosa que oliese a religión.
El Kremlin es enorme y tardamos cerca de tres horas en recorrerlo. A la salida, y con mayor tranquilidad, nos encaminamos a una Plaza Roja solo vista de paso mientras aguardábamos la entrada a la tumba de Lenin. En nuestro caminar encontramos, desde veteranos de la guerra de Chechenia reclamando dignidad en forma de paga, hasta un fondón Spiderman que, con la Perestroika, parece decidido a defender el país de un retorno de los soviets. Hay rusos paseando de un lado a otro, comiendo y bebiendo sin pudor ni mesura – es espectacular la de gente que bebe enormes cervezas en plena calle -. Todos los tics del denostado capitalismo afloran en una clase media moscovita desesperada por adaptarse al nuevo estado. Muy cerca de allí, un McDonalds, resume de forma gráfica el cambio de esta nación.  
Entramos en la Plaza Roja. A partir del recuerdo de las fotos vistas del famoso desfile militar, intento descifrar la dirección de paso de los ejércitos y el lugar exacto donde se sitúan los máximos mandatarios. Con ello más o menos claro, escruto todos sus rincones. Como no, mi vista se dirige a uno de sus extremos. Allí, majestuosa, presidiendo todo, se alza San Basilio. Parejas de novios, acompañadas o no de otros invitados, se fotografían con la conocida iglesia de fondo. Según nos acercamos, compruebo que la famosa San Basilio es como esas despampanantes mujeres que, a cincuenta metros de distancia atrapan irremediablemente tu atención, pero que jamás deberías dejar que se acercasen a menos de veinte. No solo es el deterioro del conjunto sino el tipo de materiales usados en su construcción lo que la convierte en un pequeño bluff. Mayor es la decepción cuando visitamos el interior. Poco cuidada, mal señalizada, con utensilios de obras recientes dejados por cualquier rincón, de laberínticos y minúsculos espacios que no permiten disfrutar como si puede hacerse en las grandes catedrales católicas de Europa. Apenas media hora después, sentados en las escaleras de acceso, decidimos donde comer.
La comida es buena y no demasiado cara para ser un sitio chic en unas galerías de moda. Miramos la hora y decidimos dar un último paseo por la Plaza antes de regresar al hostel a por los equipajes. Hay tiempo para una anécdota más. Dani ha lanzado una foto a la Catedral, con la peculiaridad de que realmente esta solo es el pintoresco fondo para inmortalizar a un grupo de policías con sus desmesuradas gorras de plato y su coche oficial. Pronto, uno de los policías le llama. Y los demás le rodean. En ruso, y sin muchas contemplaciones, le demandan que muestre la foto lanzada. Dani pulsa botones y les enseña la instantánea. Por sus gestos, más que por sus palabras, entiende que no puede fotografiarlos y debe borrarla de inmediato si no quiere mayores problemas. Tras hacerlo se encamina hacia nosotros. Lo vemos venir y con risa levemente nerviosa nos dice que a punto ha estado de visitar una de las temibles comisarías moscovitas. De regreso, aún hay tiempo de pasar ante el mítico edificio de la KGB. Su aspecto, aburrido y funcionarial, nos muestra un edificio que no respira, por ninguno de sus ladrillos, el misterioso halo que de él esperamos.
Poco, muy poco para las expectativas, nos ha ofrecido Moscú. Tal solo la sensación única, de hallarse en un lugar con un pasado arrebatador.

lunes, 10 de octubre de 2011

De la Plaza Roja a Tian'anmen (III)

Iglesia ortodoxa / Església ortodoxa

De guardia por el Kremlin / De guàrdia pel Kremlin
Ya en Moscú.
  
Ja a Moscou.

3.- Al otro lado del desvanecido telón de acero


Es mi turno. La robusta funcionaria rusa que revisa pasaportes me hace señales desde su garita para que me acerque. El trámite es rápido y tras un par de vistazos al pasaporte y a mí, que procuro me pillen con una amable sonrisa en el rostro, me lanza un brusco gesto con la mano indicándome que siga.

A partir de aquí todo se acelera. Salgo raudo de aquella zona y recojo mi mochila el primero. Sigo las indicaciones recibidas durante la mañana de mis compañeros de viaje, a quienes imagino cómodamente instalados en el centro de Moscú, y en nada estoy en la taquilla de cambio. Dejo los euros y tomo los rublos. Compro mi billete de ferrocarril e instintivamente me pongo en una de las colas ocupada por gente que parece va a acceder al andén. Esperamos, Y en la espera, un tipo se me acerca. Me pregunta en inglés si aquel es el acceso al tren de la ciudad. Su aspecto me sugiere responderle en castellano. Acierto. Me cuenta que vive en Madrid aunque su origen es Mediterráneo. Esperamos a que abran el paso y juntos montamos en el amplio y moderno automotor. Ya instalados me cuenta que es informático. Su empresa tenía una sucursal en Moscú que con la crisis ha tenido que cerrar; “ahora es más práctico y barato enviar un técnico desde España”. – “Entonces, ¿estás aquí por trabajo?” – No, – me responde – tengo una novia rusa y de vez en cuando viajo a verla. 

A mi mente, y sin más, acuden todos los tópicos imaginables. Veo a la rubia de piel extremadamente blanca, labios rojos y eternas piernas, atrapando al pardillo con el único fin de huir de la depresión postperestroika. Una de tantas que, o capturan presa fácil, o acaban en algún club de alterne de la Europa del Euro. Mientras mi cabeza fabula, él sigue con su cháchara. Me narra que la conoció aquí y que, desde entonces, entre los viajes de él a Moscú y los de ella a Madrid, cada mes y medio o dos meses comparten fin de semana. Están pensando en ponerse a vivir juntos y solo falta decidir el lugar. Moscú tiene mayor futuro profesional para ambos, pero el invierno es muy crudo aquí y él no acaba de acostumbrarse. Bromeo con que ese día ha salido bueno y me responde con un viejo chiste siberiano; “Este año hemos tenido suerte, el verano ha caído en fin de semana”. Seguimos hablando de la vida en Rusia y de los contrastes que encuentra cada vez que viaja aquí. Me dice que ha tomado unos días de vacaciones y que van a viajar a San Petersburgo. “La mejor ciudad de Rusia según los nativos”. Está encantado. Cuando le comento nuestro periplo, queda un poco chafado “Con lo que estaba presumiendo yo de viaje exótico”. La charla es agradable y el tipo majo. Yo lo veo más instalado en el frío que en el propio Madrid, pero es más que posible que nunca llegue a conocer el fin de esta historia.
A la llegada a la estación, poco más de cuarenta minutos después, una bonita rusa de larga cabellera morena, ojos verdes y curvas rotundas donde éstas deben lucirse, aparece y, con un casto beso, arrastra a mi compañero de viaje que se despide apresurado. Se desmorona la fabulación, pero me alegra ver que marchan felices y que, tal vez sí, sea esta la ocasión de conseguir esa estabilidad vital que aquel hombre persigue.
Permanezco allí, de pie, rodeado de centenares de rusos que van de un tren a otro, de decenas de policías que vigilan que todo se desarrolle en el consabido orden, y de mis propias incertezas que vuelven a hacerme dudar de porqué estoy allí. Todo a la espera de, más que ver yo a mis dos compinches, sean ellos los que me vean a mí. De pronto un presentimiento. Estoy en tierra de espías y, no sé si sugestionado o no, me siento observado. Miro a mi alrededor, escruto rostros, busco gestos sospechosos, y como no podía ser de otro modo, noto que estoy siendo blanco de una cámara de fotos. La sostiene Dani en una mano, mientras en la otra porta un enorme botellín de cerveza – 600 cl. -. Detrás de él, la media sonrisa de Pablo, me indica que estos dos zorros, no han perdido el tiempo en ese escaso día que me llevan de ventaja.    
La llegada al hostel es rápida a través del profundísimo metro de Moscú. Las estaciones, concebidas como obras de arte, tienen todas ellas un excesivo aire decadente. El alojamiento se sitúa en una estrecha calle cercana a la avenida Tverskaya, una de las arterias comerciales de la ciudad. Cuando nos acercamos al portal de entrada, veo que el abandono del metro no es nada comparado con lo que aquí encontramos. La desolación es total. Y si bien, desde la distancia, todos los edificios mantienen un aspecto imponente y atractivo, según te acercas, éste se desmorona. Placas de timbres colgando de sus propios hilos, cerraduras arrancadas, cadenas y candados intentando cerrar lo imposible, puertas parcheadas con planchas de madera, pasquines de todo tipo encolados cubriendo parte del acceso, graffittis, suciedad, y estrellas de cinco puntas por todas partes… Compruebo que lo que encontramos en el interior no es mucho mejor. El ascensor es digno de protagonizar una película de M.Night Shyamalan. Mi cara debe ser un poema y las risas de mis compañeros delatan que esperaban una reacción de este tipo. Después de esperar en vano que el ascensor se ponga en marcha decidimos subir a pie. Lo hacemos por una destartalada escalera hasta el cuarto piso. En algunos de los rellanos encontramos sillones u otro tipo de muebles que parecen no pertenecer a nadie.
El hostel está en un amplio y, en su momento elegante, apartamento en el que han abarrotado algunas de sus habitaciones con literas. Lo regentan unos chavales que pasan sus días conectados a internet o viendo películas americanas en su ordenador. Entrego la reserva y me indican la habitación en la que estoy instalado. Diez personas dormiremos allí esa noche recordándome mis años mozos. Jóvenes de los más diversos países hacen que me convierta, de inmediato, en el Grandfather del hostel. Descargo mi mochila y salimos a patear Moscú. Son ya cerca de las nueve de la noche y entre vuelos y cambios horarios tengo la sensación de que el día se ha desvanecido. Ya en la calle observo que hay excesiva claridad en el cielo para la hora que es. Numerosos músicos, artistas, funambulistas, pícaros, cubren las aceras frente a los comercios. Ofrecen, a cambio de unos pocos rublos, su arte a los distintos transeúntes. Sacamos dinero de un cajero. Pulsamos las teclas instintivamente pues solo se nos ofrece un idioma: el ruso.
Vagamos sin rumbo un rato más. Observo a mi alrededor. Sigo sin creer que me hallo en Moscú. En la mítica capital de la Unión Soviética, aquella que tanta y tanta tinta han hecho correr novelistas de todo tipo. Paseo por las calles que he leído describir a LeCarré tantas veces… Pablo apunta que podríamos buscar un restaurante. A las once las cocinas moscovitas cierran y se convierte en un problema encontrar un lugar donde cenar. Mi escepticismo sobre que una capital de esta envergadura se rija por esa norma, les lleva a comentar que haga caso, sus estómagos lo sufrieron la noche anterior. Nos decidimos por un establecimiento al azar de entre los recomendados por una de las guías que manejamos. Pedimos cocina rusa y la verdad es que todo está delicioso. Justo cuando comentamos la posibilidad de repetir uno de los platos y otra ronda de cervezas, nos dicen que la cocina está cerrada. Debemos terminar lo que hay sobre la mesa con celeridad; el restaurante cierra en pocos minutos y se convierte en pub. Nos miramos perplejos y preguntamos si nos servirían una copa, nos responden que sin el menor problema. No lo podemos creer. Acabamos con lo que tenemos entre manos y decidimos tomar dicha copa en otro lugar. Callejeamos por el centro de la ciudad disfrutando de una noche fresca pero apacible. Por doquier aparecen jóvenes rusas embutidas en ajustados tejanos o con minifaldas más que minis. La longitud de sus piernas y su exquisito moldeado nos tiene anonadados. Es una especia de agradable invasión que nos acorrala sin piedad. Por supuesto ni un gesto, ni una mirada, ni una sonrisa a tres europeos con pinta de no dedicarse al lucrativo negocio del petróleo y sus derivados. No, tampoco parecemos pertenecer a la peligrosa mafia rusa.
Un pub inglés con público cosmopolita, es el lugar decidido para cerrar esta primera noche de viaje. Mirando a un cielo, cuya negrura no acaba de cerrarse y que según vayamos prolongando el viaje hacia el norte, se convertirá en apenas un suspiro, no dejo de pensar en qué diabólica aventura nos hemos embarcado.




jueves, 6 de octubre de 2011

De la Plaza Roja a Tian’anmen (II)

Calles de Moscú / Carrers de Moscou

Avenida Tverskaya / Avinguda Tverskaya

Nueva entrega del viaje.
  
Nova entrega del viatge.



2. Encadenando vuelos.


Embarco. Un pequeño bimotor de Iberia operado por Vueling. La mayor parte del pasaje a esas horas, son ejecutivos en viaje de trabajo. Los miro divertido; "Si supierais la que voy a liar sin ser de Al-Qaeda" pienso. Pronto, volamos. Un vuelo tranquilo y rápido. En el aeropuerto me manejo bien, a pesar de la fama que cargo desde la fatídica noche que, en Marrakech, arrastre a mis compañeros, de forma involuntaria, a conocer el lumpen de la ciudad. Recojo la mochila y me dirijo al mostrador de facturación a Moscú. La cola es desmesurada y lo tomo con paciencia. Delante de mí, un tipo, vestido por completo de negro y con una gorra del mismo color calada hasta las cejas, se muestra, junto a una montaña de maletas, muy inquieto. Va y viene hasta el mostrador en distintas ocasiones. Yen cada una de ellas me mira como pensando que he metido mano en su equipaje. A priori parece alguien versado en esto de los viajes. Un tipo duro incluso, con sus cabellos plateados asomando desordenadamente por debajo de la gorra. Me pregunto si será un ruso, miembro de alguna mafia fabulo… Hasta que su calzado le delata. Zapatillas a cuadros sin cordones de cierto estilo vintage. “Descubierto”, parece que se vuelve locuaz. No es ruso como me temía, sino catalán. Por su procedencia tan solo - Barcelona según me dice - pues su acento le delata como de la cornisa cantábrica. Me pregunta mi destino, “Moscú”, le digo. Pregunto por el suyo. “Tokio” responde. Va a ver a su mujer japonesa. Parpadeo. Comienza a interesarme la historia. No acabo de ver yo a este tipo seduciendo a una japonesa hasta el punto de llevarla a pasar por el altar o cualquiera que sea la ceremonia con la que certificaron su relación. A pesar de mis intentos, la charla se prolonga con vaguedades acerca de la crisis y los políticos. Parece el tema estrella de la mañana. Llegamos a los mostradores de facturación. Mi mochila ya esta de camino a Rusia mientras mi compañero de cola sigue enfrascado en una kafkiana discusión con la responsable de la compañía. Abandono el lugar con la convicción de que no va a quedar inconcluso su relato.

Tres horas por delante en Barajas y ya sé que no me voy a aburrir. Me llega el primer mensaje de mis compañeros. Se preocupan por mi situación y me citan en la misma estación a la que llega el tren desde el aeropuerto en lugar del hostel en que estamos alojados. Les doy el ok. Pico algo junto a una mujer ausente de aire sofisticado. Voy hasta la puerta de embarque. Ya esperan muchos de los pasajeros. Paso el tiempo entre lecturas y esbozos rápidos a pincel en el cuaderno de viaje que me he construido. Entonces aparece mi compañero de cola. Sigue en forma. Comienzo a indagar sobre su historia. Según me cuenta mis ojos van tomando el tamaño de dos hula-hops para hipopótamo. Encontró a la japonesa de viaje por Gijón. Un amor a primera vista. Alucino. Se casaron – no pregunto el rito – y él marchó a vivir con ella a Tokio. Pero claro, no es millonario. Por eso vuelve de vez en cuando. Sabe cuatro palabras en japonés pero la mayor parte de la comunicación la tienen en un inglés que ninguno de los dos domina. Él pasa temporadas de varios meses en Barcelona – por lo del trabajo - y después pasa otros tantos meses allá con ella. Según avanza en su relato, y viendo como es, cada vez alucino más con la historia de este hombre, no muy seguro de si mismo, que es capaz de atravesar medio mundo varias veces al año para mantener una extraña vida conyugal. Ah, el amor… Al mismo tiempo que charlo con él, dos peculiares andaluces están montando un show en medio del pasillo del aeropuerto. Uno de aspecto simiesco, no muy alto y cargado de cadenas y escapularios. El otro, altísimo y muy delgado, con el cabello largo y ensortijado y una ceñida camiseta del centenario del Betis. Y después me pregunto el porqué de ciertos tópicos de los españoles por el mundo. Llega la hora del embarque y ambos quedamos en seguir la conversación a bordo.
Tengo ventanilla en el avión y a mi lado se sientan Diego y Lucas dos treintañeros de aspecto neohippie. El que está junto a mí, deja una gruesa guía de China en la red que tiene en la trasera del asiento delantero. Eso me anima a preguntarle a donde se encaminan. Van a Hong Kong para después recorrer buena parte del centro de China y adentrarse en el Tíbet. Les narro nuestra aventura y comenzamos una afable charla. Tras intercambiar experiencias cada uno se sumerge en la lectura y el viaje pasa de forma rápida. De vez en cuando observo la gorra de mí compañero de cola, su quietud me indica que debe hallarse en plena siesta – no sé si hispana o japonesa -.

A la llegada a Moscú me despido de Diego y Lucas y me encamino hacia la zona de recogida de equipajes. En la cola me encuentro con mi “amigo”. Sigue charlando de forma muy animada, me cuenta de su viaje, de que es la primera vez que lo hace vía Moscú – por tema de pasta - y mil cosas más. La revisión de pasaportes se eterniza. No hay mucho ánimo en los funcionarios rusos. Con Stalin esto no pasaba, pienso. De pronto caigo en la cuenta de algo. Si mi compañero va a volar a Tokio, no debe pasar por este control, está en tránsito. Se lo comento. Se me queda mirando sorprendido. Le señalo un rótulo que indica que su lugar es el piso de arriba. Sonríe, me desea buen viaje y se despide. Sube por la escalera automática, da media vuelta y, tras alzar el brazo para despedirse de nuevo, está a punto de dar de bruces en el suelo. Lo veo partir y pienso, si él atraviesa medio mundo a trompicones, no debe de ser tan difícil llevar a cabo nuestro viaje.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

De la Plaza Roja a Tian’anmen (I)


El cielo de Moscú / El cel de Moscú

Superhéroes en el Kremlin / Superherois al Kremlin
Aquí mismo, al final de estas líneas, el inicio del relato de nuestras aventuras transiberianas. También lo publicará esta gente los domingos, pero por cuestiones de espacio, un número limitado de entregas.
  
Ací mateix, a la fi d’aquestes línies, el inici del relat de nostres aventures transsiberianes. També ho publicarà aquesta gent els diumenges, però per qüestions d’espai, un número limitat d’entregues.



  1. Preludio.

Suena el despertador. Despego un párpado. Las cuatro treinta. Una noche corta. Demasiados eventos, inauguraciones, protagonismos… Todos, justo, la víspera de la partida. Moscú aguarda, y en ella desde ayer mismo, debido a mi obligado retraso, mis dos compañeros de viaje, esperan pacientes mi llegada.
Respiro hondo al tiempo que escucho respirar a mi lado en la cama. Suspiro. Lo que daría por, en este mismo instante, suspender el viaje. Sin ocuparme en lo invertido y si que mi – irrisorio – “prestigio de aventurero” desapareciese por el sumidero del lavabo. Me ocurre. Justo antes de cada periplo. Y aunque después lo disfrute y mucho, en el momento de la partida me encuentro, cada vez, más perezoso. Hoy mucho más. Tantos días alejado de mi nido, tantos kilómetros por recorrer, tantas cosas por descubrir... Me desperezo. Una voz cercana me susurra "¿Ya?". “Si - respondo  - sigue con tu sueño”. Un beso cálido y media vuelta en la cama. Más por no mostrar lágrimas que por seguir con el sueño.
Me lavo y visto con rapidez. Asomo la nariz al dormitorio de mis cachorros. Duermen plácidamente. Me acerco a ellos y los toco con suavidad. Se revuelven en sus camas. Tal vez abren un ojo, pero siguen en los brazos de Morfeo. Salgo. Cuelgo la gran mochila en mi espalda y tomo la de menor tamaño en mis manos. Reviso la bolsa que contiene el pasaporte, recuerdo algo. Por suerte. Busco y tomo el sobre que contiene los dos mil dólares y unos cientos de euros del grupo. Tras bajar mi pantalón, lo precinto alrededor de mi pierna derecha. Excesiva precaución derivada de las charlas y lecturas varias de los últimos días. ¿Por qué todo el mundo te cuenta las situaciones terribles que han vivido conocidos de conocidos suyos en los países que nos disponemos a recorrer?
Lo tengo todo. Lanzo una postrera ojeada a la casa. Serán veintitrés días de viaje. De un mítico viaje que desde la infancia me ha fascinado; el Transiberiano. No el de Vladivostok, sino la versión que llega hasta Pekín atravesando Mongolia y que, técnicamente, se conoce como Transmongoliano. Veintitrés días en los que viajaremos en tren desde Moscú hasta la capital china y en los que aprovecharemos para ver algunas de las ciudades en las que el tren se detendrá. Además de realizar un recorrido por diversas zonas de la Mongolia mas salvaje. ¡Uff!
Salgo. A la puerta de casa ya espera David. David es nuestra gran ausencia. Y a pesar de que lo ha intentado, no ha podido combinar su trabajo y desaparecer del mundo desde mitad de junio hasta mitad de julio. Aun así, se ofreció al instante para llevarme al aeropuerto de l'Altet donde iniciaré la ruta. “Vamos a llorar en el aeropuerto” le advertí. “Ya lo sé. Y me da igual”. Así que, paradójicamente, a pesar de su ausencia inicio el viaje junto a él. El trayecto hasta el aeropuerto es rápido y pasamos el tiempo despellejando políticos locales de manera verbal. No hay muchos comentarios acerca del viaje y tan solo, cuando estamos a punto de llegar, la curiosidad puede más que su frustración por no ser parte del equipo. "¿Donde habéis quedado en Moscú?" es su pregunta. Una pregunta que ya la víspera me lanzaba mucha gente. "En una esquina de la Plaza Roja". Sonríe, como todos, pero no lo acaba de creer.
Facturo la mochila hasta Madrid. Un rápido café en el aeropuerto. Un fuerte abrazo. Lágrimas contenidas y, sin mirar atrás, enfilo hacia la puerta de embarque. Sigo pensando que es una pena que no esté. Creía en el cuarteto indisoluble y a las primeras de cambio...

jueves, 22 de septiembre de 2011

En la sala de máquinas


Sin noticias de vuelos comerciales. Algunas misiones humanitarias en marcha. Y la actividad en la sala de máquinas creciendo de forma inversamente proporcional a las reservas de trigo en el granero.
Y paz en la base. Que sorprendentemente, y a pesar de su tono de réquiem, no me incomoda en absoluto. ¿Inconsciencia?¿Veteranía?
Ilustración para cartel teatral (2011).
  
Sense noticies de vols comercials. Algunes missions humanitàries en marxa. I la activitat a la sala de màquines creixent de forma inversament proporcional a les reserves de forment al graner.
I pau a la base. Que sorprenentment, i a pesar del seu to de rèquiem, no em incomoda en absolut. Inconsciència? Veterania?
Il·lustració per cartell teatral (2011).

lunes, 12 de septiembre de 2011

Políticos corruptos

Último vuelo del verano. Por tierras centroeuropeas. Una hermosa ciudad y una constatación; también en la República Checa hay políticos corruptos. Casi es lo primero que algún nativo confiado nos comenta. “Un poco como en mi tierra” le respondo resignado. “No, no. Mucho más” me insiste. Y me cuenta. Una tras otra. Y tal vez así sea, que las diferencias entre ricos y pobres son más abrumadoras que aquí. De momento, claro, que yo sigo viendo que vamos directo a ello.
Y la gente, como con el clásico “Panem et circenses” romano, sigue pendiente del próximo Real Madrid-Barça y esperanzada con que la llegada de Rajoy al poder traiga un cambio. Y lo va a traer, of course, pero no en la dirección que el pueblo espera. ¿Cuándo se ha visto que la derecha grave a los poderosos?
Y mucho menos que nadie espere un cambio radical de arriba hacia abajo, sea el que sea el color del poder, porque la historia nos dice que a María Antonieta y los suyos, ya les iba bien todo como estaba hasta que decidieron hacerles aquel radical corte de pelo.
Praga (2011).      

Darrer vol del estiu. Per terres centreeuropees. Una formosa ciutat i una constatació; també a la República Txeca hi ha polítics corruptes. Quasi és el primer que algun natiu confiat ens comenta. “Una mica com a la meua terra” li responc. “No, no. Molt més” m’insisteix. I em conta. Una darrere d’altra. I tal volta així siga, que les diferències entre rics i pobres son més aclaparadores que ací. De moment, clar, que jo segueix veient que anem directes a allò.
I la gent, com amb el clàssic “Panem et circenses” romà, segueix pendent del proper Reial Madrid-Barça i esperançada amb l’aplegada de Rajoy al poder porte un canvi. I el va a portar, of course, però no en la direcció que el poble espera. Quan s’ha vist que la dreta grave als poderosos?
I molt menys que ningú espere un canvi radical de dalt a baix, siga el que siga el color del poder, perquè la història ens diu que a Maria Antonieta i els seus, ja els anava be tot com estava fins que decidiren fer-los aquell radical tall de cabell.
Praga (2011). 

jueves, 8 de septiembre de 2011

Músicos


Caminas. Como si nadie hubiese en el puente. Y sabes que no es cierto, los viajeros te rodean. Pero lo obvias. Solo caminas. Y escuchas. Y pronto es otro el rumor que te envuelve. Y distingues el contrabajo, la trompeta, el clarinete… Una voz emula a Armstrong, a Parker, a Davis. Y todo ello te arrastra. Y sin saber como, tus pies se mueven. Con la torpeza del aviador que no sabe bailar. Y no te importa. Ni el mundo siquiera. Y acabas comprando ese CD que nunca oirás en casa. Pero te parece mejor precio que la limosna dejada caer en una gorra.
Sabes que si quieres volver a sentir lo mismo, deberás regresar al puente.
Puente Carlos, Praga (2011).

Camines. Com si ningú hagués al pont. I saps que no és cert, els viatgers et rodegen. Però ho obvies. Tan sols camines. I escoltes. I prompte és altre el rumor que t’envolta. I distingeixes el contrabaix, la trompeta, el clarinet... Una veu emula a Armstrong, a Parker, a Davis. I tot allò t’arrossega. I sense saber com, els teus peus es mouen. Amb la malaptesa de l’aviador que no sap ballar. I no t’importa. Ni el mon tan sols. I acabes comprant eixe CD que mai escoltaràs a casa. Però et sembla un preu més just que la l’almoina deixada caure a una gorra.
Saps que si vols tornar a sentir una cosa semblant, hauràs de tornar al pont.
Pont Carlos, Praga (2011).

viernes, 2 de septiembre de 2011

¡Se trabaja, eh!

A pesar de lo que pueda parecer por ausencias y demás, en la base, sea donde sea que esté la sede, se sigue trabajando.
La Melchor Mombo Company en su versión marina (2011).


A pesar del que puga semblar per absències i demés, a la base, siga on siga que estiga la seu, es segueix treballant.
La Melchor Mombo Company a la seua versió marina (2011).

martes, 9 de agosto de 2011

Mientras decido…


Mientras decido que si esto o si lo otro, y es más bien ni esto ni lo otro, pues el sopor que se apodera de la base no me deja la más mínima gana de emprender misiones… mientras preparo lápices y brochas, botes de pintura y esponjas, para iniciar el acondicionamiento de la habitación del último piloto… mientras ordeno y cocino, al tiempo que relato mis vicisitudes transiberianas - y no necesariamente por ese orden -… mientras todo eso sucede, digo, algunas de las misiones en las que The Company ha empleado últimamente su tiempo, siguen en marcha. Y de ellas les hablo. En concreto de esa cuyo protagonismo lo copaban esos divertidos caracoles mutantes que – me dicen – acaban de tomar un centro comercial de Elche y que, de allí, viajarán a Sevilla, Valencia y, de momento, cuatro ciudades más.
Carakollection en las calles de Alcoy (2011).
  
Mentre decideix que si açò que si l’altre, i és més be ni açò ni l’altre, doncs el sopor que s’apodera de la base no em deixa ni la més mínima gana de mamprendre missions... mentre prepare llapis i brotxes. Pots de pintura i esponges, per iniciar l’acondicionament de la habitació del darrer pilot... mentre ordene i cuine, al temps que relate les meues vicissituds transsiberianes – i no necessariament amb eixe ordre -... mentre tot açò passa, dic, algunes missions a les que The Company ha empleat darrerament el seu temps, continuen en marxa. I d’elles els parle. En concret d’eixa amb protagonisme absolut del divertits caragols mutants que - em diuen – acaben de prendre un centre comercial d’Elx i que, des de allí, viatjaran a Sevilla, Valencia i, de moment, quatre ciutats més.
Carakollection als carrers d’Alcoi (2011).        

martes, 2 de agosto de 2011

Tambores


Todavía se escuchan los postreros acordes de la anterior aventura, cuando en lontananza suenan tambores de guerra que anuncian que, lo que se avecina, no va a ser manco.
Y aunque no sé muy bien hacia donde se dirigen ahora mis pasos – en realidad lo sé, solo que hay muchas e inciertas vías abiertas, y falta tomar “transcendentes” decisiones sobre ellas – sí sé con certeza que, tras más de mes y medio de ausencia, la Melchor Mombo Company necesita dedicación y cariño para evitar ser catalogada, en el registro general de bases aéreas, con la pertinente BSD (Bajo el Síndrome de Diógenes).
Ulan Bator (2011).   

Encara s’escolten els darrers acords de l’anterior aventura, quan al lluny sonen tambors de guerra que anuncien que, la que s’apropa, no va a ser manca.
I encara que no sé massa be cap on es dirigeixen les meues passes – en realitat ho sé, sols que hi ha moltes i incertes vies obertes, i falta prendre “transcendents” decisions al voltant d’elles – sí sé amb certesa que, després de més de mes i mig d’absència, la Melchor Mombo Company necessita dedicació i afecte per evitar ser catalogada, al registre general de bases aèries, amb el pertinent SSD (sota el síndrome de Diògenes).
Ulan Bator (2011).

domingo, 24 de julio de 2011

Base, aquí Dakota… ¿Me escucha, base?


Mucho tiempo, muchos vuelos, muchas aventuras y demasiados días sin dar noticias por acá. Todo va bien, sí, solo que enlazo misiones de todo tipo que me impiden estar lo conectado que quisiera.
Ahora mismo, una tarea en marcha. Un raid nocturno. Con un grupo de pilotos nuevos entre los que no hay “malvados” - o no han tenido tiempo para desenmascararse -. Es en Valencia y estará en marcha a diario hasta el 31 de agosto. En la sombra, tras el trabajo de tantos buenos profesionales, hay huellas de la participación de la Melchor Mombo Company.
Si tienen paso, disfrútenlo.
Affiche promocional para el espectáculo “Siete mares, seis continentes, un solo mundo” (2011).

Molt de temps, molts vols, moltes aventures i massa dies sense donar noticies per ací. Tot va be, sí, sols que enllaçe missions de tot tipus que m’impedeixen estar tot el connectat que vulguera.
Ara mateix, una tasca en marxa. Un raid nocturn. Amb un grup de pilots nous entre els que no hi ha malvats – o no s’han tingut temps de desemmascarar -. És a València i estarà en marxa a diari fins el 31 d’agost. A l’ombra, darrere del treball de tant bons professionals, hi ha empentes de la participació de la Melchor Mombo Company.
Si els ve de pas, que puguen gaudir de ell.
Affiche promocional per l’espectacle “Set mars, sis continents, un sol món” (2011). 

jueves, 16 de junio de 2011

Una escaramuza más


La penúltima antes de la gran travesía. Un grano de arena en el desierto y la primera incursión en el mundo de los monólogos. Será mañana. Y digo penúltima porque no sé que acabará antes si la interpretación del texto o la tan esperada como aplazada aparición de los caracoles mutantes.
Sea como sea, será el último post en un buen puñado de tiempo. Después llegará Moscú, Kazán, Ekaterinburgo, Irkutsk, Listvyanka, Ulan Ude, Ulan Bator, Yolin Am, Khongoryn Els, Bayanzag, Dalanzadgad, Terelj, Datong y Pekín. Tal vez es la única forma de descansar de este viejo piloto.
Carteles para espectáculo teatral (2011).   

La penúltima abans de la gran travessia. Un gra de sorra al desert i la primer incursió al món dels monòlegs. Serà demà. I dic penúltima perquè no se que acabarà abans si la interpretació del text o la tan esperada com aplaçada aparició dels caragols mutants.
Siga com siga, serà el darrer post en molt de temps. Després vindrà Moscú, Kazán, Ekaterinburgo, Irkutsk, Listvyanka, Ulan Ude, Ulan Bator, Yolin Am, Khongoryn Els, Bayanzag, Dalanzadgad, Terelj, Datong i Pekín. Tal volta siga l’única manera de descansar d’aquest vell pilot.
Cartells per espectacle teatral (2011).

martes, 7 de junio de 2011

¿Y Tarzán, no tienen con ustedes a Tarzán?

Despistados mongoles, rebeldes delfines, maquiavélicos concejales, abrumados montadores de audiovisuales, gélidos trenes siberianos, orgullosas nadadoras sincronizadas, disparatado teatro infantil, cálida arena del Gobi, espectrales facturas del 2010, sabrosos pimientos del piquillo rellenos de atún, divertidos directores generales de la CAC, retardados visados al extranjero, amables ancianas tártaras, inacabados tebeos históricos, indiferentes percusionistas, pospuesta sitcom con peluqueras, inquietante hostel moscovita, inminente monólogo de alcoyanía, peligroso trekking por la Gran Muralla…
¿Alguien da más?
Para que después se diga que la vida en la base es aburrida.    
Ilustración de una Karu, princesa guerrera pakistaní (2011).

Despistats mongols, rebels dofins, maquiavèl·lics regidors, aclaparats muntadors d’audiovisuals, gèlids trens siberians, orgulloses nedadores sincronitzades, desbaratat teatre infantil, càlida sorra del Gobi, espectrals factures del 2010, saborosos pebrots del piquillo farcits de tonyina, divertits directors generals de la CAC, retardats visats a l’estranger, amables ancianes tàrtares, inacabats tebeus històrics, indiferents percussionistes, posposada sitcom amb perruqueres, inquietant hostel moscovita, imminent monòleg d’alcoiania, perillós trekking per la Gran Muralla...
Algú dona més?
Per que després es diga que la vida a la base és avorrida.
Il·lustració d’una Karu, princesa guerrera pakistaní (2011).

miércoles, 1 de junio de 2011

Compromisos de The Company



A un paso de silenciar la voz de la base durante varias semanas, lanzo un post que es más una cita a ciegas que cualquier otra cosa.
Mañana a las 20:30, se inaugura la exposición de fotos “Morocco’s Dream” en el Casal Ovidi Montllor d’Alcoi. Para todos aquellos que no llegaran a tiempo al anterior pase, ahora tienen la ocasión de revisar lo que supuso aquel fabuloso viaje.
Además, y si los cálculos logísticos no fallan, previa presentación en la Universidad también el jueves, podrá verse, desde el viernes, una cabalgata de caracoles muy especial. Recorrerán, hasta el final del verano, diversas calles de la ciudad.
En ambos eventos está la firma de The company.

A un pas de silenciar la veu de la base durant varies setmanes, llance n post que és més una cita a cegues que qualsevol altra cosa.
Demà a les 20:30, s’obri al públic l’exposició de fotos “Morocco’s Dream” al Casal Ovidi Montllor d’Alcoi. Per tots aquells que no aplegaren a temps per l’anterior passi, ara tenen l’ocasió de revisar el que va suposar aquell fabulós viatge.
A més, i si els càlculs logístics no fallen, prèvia presentació a La universitat també el dijous, es podrà vorer, des de el divendres, una cavalcada de caragols molt especial. Recorreran, fins la fi de l’estiu, diversos carrers de la ciutat.
Als dos esdeveniments està la firma de The Company.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El último piloto

Demasiados días sin actualizar. Demasiadas batallas libradas. Misiones más complejas que la que acabó con Gerónimo - ¿Ah?¿Qué ese no era el nombre clave? – Y risas, muchas risas. Pero sobre todo la maravillosa presencia de un nuevo aviador en la base.
Hace poco que está entre nosotros pero se ha ganado el corazón de los más curtidos pilotos. A ver si hacemos un hombrecito – uno más – de él… Sin que pierda, eso sí, el mágico espíritu de la infancia.
Ilustraciones para interiorismo de una habitación infantil (2011).

Massa dies sense actualitzar. Massa batalles lliurades. Missions més complexes que la que acabà amb la vida de Gerónimo – Ah? Què eixe no era el nom clau? – I rialles, moltes rialles. Però sobre tot, la meravellosa presència d’un nou aviador a la base.
Fa poc que està entre nosaltres però s’ha guanyat el cor dels més embrunits pilots. A vorer si fem un homenet – un més – de ell... Sense que perda, això sí, el màgic esperit de la infància.  
Il·lustracions per interiorisme d’una habitació infantil (2011).   

miércoles, 4 de mayo de 2011

Siempre hay un lado bueno


Con los años, con el culo pelado y dolorido de tantas horas sobre el asiento de cuero del Dakota, con los golpes de la vida, con la sangre, el sudor y las lágrimas que aireaba a los cuatro vientos Sir Winston Churchill, con ello y con todo, llega un momento en que te queda más que claro que, suceda lo que suceda en tu existencia, por jodido que te parezca, siempre hay un punto donde plantar la cámara y conseguir la toma buena – como también siempre lo hay donde conseguirla mala -. Y ahí, en el punto de vista bueno es donde tengo instalada ahora la mía. Y a todo saco punta, todo me vale, aunque sean palos, que ya sabré yo como darle la vuelta.   
Ilustración para un e-book colectivo que pueden ver aquí o aquí, divertida iniciativa surgida de allende de los mares, sobre las ventajas de no tener pelo (2012). Ya ves, me uno a causas que ni me van, ni me vienen, ¿o sí?

Amb els anys, amb el cul pelat i dolorit de tantes hores al damunt del seient de cuir del Dakota, amb els colps de la vida, amb la sang, el suor i les llàgrimes que airejava als quatre vents Sir Winston Churchill, amb ells i amb tot, aplega un moment en que et queda més que clar que, passe el que passe a la teua existència, per fotut que semble, sempre hi ha un punt on plantar la càmera i aconseguir la toma bona – com també sempre hi ha un on aconseguir la dolenta -. I aquí, al punt de vista bo és on jo tinc instal·lada ara la meua. I a tot trac partit, tot em val, encara que siguen pals, que ja sabre jo com pegar-li la volta.     
Il·lustració per un e-book col·lectiu que poden vorer ací o ací, divertida iniciativa de més enllà dels mars, al voltant dels avantatges de no tenir cabell (2012). Ja veus, em uneixo a causes que ni em van ni em venen, o sí?

martes, 26 de abril de 2011

Novena



Durante la semana que entramos, va a haber reuniones que modifiquen de forma contundente el calendario de la Company en los próximos meses. Es muy posible incluso que, mediante una magistral lección de encaje de bolillos, pueda acudir a todos los frentes abiertos y salir vivo.
Se apunta entonces una posible explicación a ese subconsciente afán mío de los últimos tiempos por retratar iglesias. ¿Será que de algún modo estoy pidiendo ayuda divina?
Santuario de la Font Roja. Impresión sobre lienzo (2011).

Al llarg de la setmana que comencem, va a haver reunions que modifiquen de manera contundent el calendari de la Company als propers mesos. És molt possible fins i tot que, mitjançant una magistral lliçó de punta de boixets, puga acudir a tots els fronts oberts i eixir viu.
Apareix aleshores una possible explicació a eixe subconscient afany meu dels darrers temps per retratar esglésies. Serà que d’alguna forma estic demanant ajuda divina?
Santuari de la Font Roja. Impressió damunt llenç (2011).

martes, 19 de abril de 2011

Carakolletionando

Para los que, como yo, el engolamiento de la cultura reconocida les sobrepasa. Para los que comprobar que la cantidad de gente que frecuenta los museos es nimia, apenas un suspiro porcentual. Para los que, vinculados a la creación desde su vertiente más popular, rastreamos el máximo número de público posible. Para los que un fracaso no nos ofrece coartada de elitismo… Para ellos la posibilidad de participar de una iniciativa artística colectiva, que permite ofrecer nuestra creación sobre un insólito soporte y hacerlo además a pie de calle, sin forzada o artificial selección de público, con la posibilidad de llegar a las más diversas tipologías humanas, compartir con gentes crecidas en siglos diversos, en momentos culturales dispares, tanto del país como foráneos, con educaciones estilísticas distintas, con variables criterios artísticos, para ellos, insisto, y por ende para mí, esta iniciativa, es un bocado que no se debía dejar escapar – aún a paso de caracol -.
La propuesta en fase embrionaria (2011).

Pels que, com jo, la presumpció de la cultura reconeguda els sobrepassa. Pels que comprovar que la quantitat de gent que freqüenta els museus és nímia, a penes un sospir percentual. Pels que, vinculats a la creació des de la seua vesant més popular, rastregem el màxim número de públic possible. Pels que un fracàs no ens ofereix coartada d’elitisme... Per a ells la possibilitat de participar d’una iniciativa artística col·lectiva, que permet oferir nostra creació al damunt d’un insòlit suport i fer-ho a més a peu de carrer, sense forçada o artificial selecció de públic, amb la possibilitat de aplegar a les més diverses tipologies humanes, compartir amb gents crescudes a segles diversos, en moments culturals dispars, tant del país com forans, amb educacions estilístiques distintes, amb variables criteris artístics, per ells, insisteixo, i per tant per mi, aquesta iniciativa, es un mos que no es devia deixar escapar – fins i tot a pas de caragol -.          
La proposta en fase embrionària (2011).

lunes, 11 de abril de 2011

Priorizar camino a destino



En cualquier viaje, del tipo que sea, hacia destinos diversos, se recorre un camino. Y aunque siempre ha parecido que, lo primordial, lo imprescindible, casi lo único, es llegar a la meta, yo hace tiempo me convencí de que no.
Ahora me pierdo en los recovecos que me ofrecen los preliminares, en las dificultades que el propio camino pone ante mí, y disfruto de ello como si esa fuese la finalidad propia del viaje.
Por si me quedaban dudas respecto a ello, alguien muy querido por mí, un día me susurró al oído; “Si regresas por el mismo lugar por el que has ido, te estás perdiendo la mitad del viaje”. Son palabras que siempre tengo en cuenta.
Esbozos previos para la ilustración con la que participo en esta exposición itinerante (2011).

A qualsevol viatge, del tipus que siga, cap a destins diversos, es recorre un camí. I encara que sembla que, el primordial, el imprescindible, quasi l’únic, és aplegar a meta, jo fa temps que em vaig convèncer de que no.
Ara em perd als amagatalls que m’ofereixen els preliminars, a les dificultats que el propi camí posa davant meu, i gaudeix d’ells com si aqueixa fora la finalitat pròpia del viatge.
Per si em quedaren dubtes al respecte, algú molt estimat per mi, un dia em xiuxiuejà a l’orella; “Si tornes pel mateix lloc pel que has anat, t’estàs perdent la meitat del viatge”. Son paraules que sempre tinc en compte.      
Esbossos previs per la il·lustració amb la que participe a aquesta exposició itinerant (2011).

martes, 5 de abril de 2011

Love time?

La Glorieta
Lámina 22,5x44cm  15,00 €
Lámina 14,5x31cm 7,00
€
Que sí, que la primavera ya nos muestra todo su poderío, y granos, alergias y pieles blanco nuclear aparecen por doquier. Eso es indiscutible, pero lo que yo digo es que, a pesar de todos los tópicos que vinculan la aparición del amor en su faceta más efervescente a esta estación, yo nunca sufrí de ese mal en estos meses, ni vi que el porcentaje general sufriese cambios notables.
Otra cosa es que yo siga enamorándome esas tres veces diarias que, desde el uno de enero, me propuse. Y, créanme, voy cumpliendo sin apenas dificultad, tan solo abriendo bien los ojos a todo cuanto se cuece a mí alrededor.
Nueva lámina de la serie “El ojo de Robert Capa” (2011).  

Que sí, que la primavera ja ens mostra tot el seu poder, i granets, al·lèrgies i pells blanc nuclear, apareixen per tot arreu. Això és indiscutible, però el que jo dic és que, a pesar de tots els tòpics que vinculen l’aparició del amor a la seua faceta més efervescent a aquesta estació, jo mai vaig sofrir d’aquest mal durant aquestos mesos, ni vaig vorer que el percentatge general patira canvis notables.
Altra cosa és que jo segueixca enamorant-me eixes tres vegades diàries que, des del ú de gener, em vaig proposar. I, creguen-me, vaig complint sense a penes dificultats, tan sols obrint be els ulls a tot el que es cou davant els meus ulls.
Nova làmina de la sèrie “L’ull de Robert Capa” (2011).

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